Organizando el alojamiento

Joseph Conrad no había nacido en 1852, cuando Wilkie Collins publicó “Una cama sumamente extraña“. Este relato narra los asesinatos que se cometían en una posada con un método harto extraño y cruel. Cuando los huéspedes se quedaban dormidos en la gran cama con dosel, un ingenio accionado desde el piso superior a través del techo hacía descender el baldaquín hasta encajarlo con el colchón, asfixiando al durmiente. En junio de 1913 Joseph Conrad escribió el relato “La posada de las dos brujas“, en el que se cuenta un asesinato perpetrado con idéntico mecanismo. Antes de imputar por plagio a uno de los grandes de la literatura universal prefiero considerar la posibilidad del nacimiento de una misma idea en dos mentes de forma independiente ¿Puedo? De hecho ocurrió con una que nos es muy conocida a todos. Aunque la historia ha premiado a Darwin como único autor de la teoría de la evolución de las especies por medio de la selección natural, en realidad fueron dos los genios que de forma separada y con experiencias distantes alcanzaban al mismo tiempo esa conclusión. La teoría fue presentada en Londres en 1858 y venía firmada por Charles Darwin y Alfred Russel Wallace. Nadie conoce mucho a este segundo, pero mientras Darwin andaba por Las Galápagos, Wallace investigaba en Malasia, observando aspectos de la naturaleza que les condujeron a la misma formulación. Bien es cierto que un dosel asfixiante no es una ocurrencia de probable repetición, opina un amigo al que le traslado con intriga esta cuestión, y es verosímil que trabajando tantos años para la marina mercante inglesa Conrad leyese a Dickens y a Collins. Aquí lo dejo, no quiero avanzar hasta el corazón de las tinieblas.

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