Welcome Penna

Empecé este día soleado por preciosas carreteras comarcales, county roads, con simpatía entre granjas y residencias veraniegas, y así entré en Pensilvannia. No penséis que si el tiempo y el espacio son agraciados los acontecimientos también necesariamente lo serán, esto es una simpleza de tomo y lomo. La orografía había cambiado desde las últimas dos jornadas, las pacíficas llanuras habían dado paso a un país ondulado, un sube y baja interminable que impedía hacer cundir el día, unas rampas que superaban frecuentemente el diez por cien y aceleraban mi desgaste físico.

Hoy volví a comer cualquier cosa de pie al borde del camino, comida basura de gasolinera, y por la tarde me metí en el bosque de Northernwood, una fronda de caza y guarida, un lugar  en el que sospechar y girar el cuello en todas direcciones al menor crujido. Vimos a una mujer andado por la carretera y a cada uno nos pareció que tenía una edad muy diferente, señal de que era una bruja. El lugar ponía los pelos de punta, uno sentía allí su salud debilitada por motivos incognoscibles. Saliendo del bosque por el otro extremo se desató la tormenta más fuerte de las que llevo en todo el viaje, justo al lado de un cementerio. Un ramo de flores arrancado de su sitio por el viento rodó por el asfalto hasta mi rueda delantera. Me negué con potente escepticismo a aceptar ninguna relación, mientras desarmaba la vela por seguridad. El agua caía en cortinas empujada por el viento. Cuando ya estaba calado hasta los tuétanos, un poco más allá, Terry me dejó entrar en su casa y me dio una toalla para secarme en tanto que amainaba la lluvia. Terry llevaba no se cuántas cervezas viendo la tele, y reía libertinamente de todo; la casa estaba desaliñada pero ni a él ni a su perro cazador de conejos les importaba. Yo ya estaba un poco harto de tanto toque de película de suspense, pero entonces contó que tenía perfil de Facebook.

Al salir una mujer joven me abordó allí mismo, en su puerta, Jessica; ella y su marido me andaban buscando por la carretera, me habían visto hacía un rato y habían decido regresar para preguntarme cómo donar. Me hubiera gustado tener más tiempo para ellos, me temo que fui un poco frio y pobre en explicaciones, lo siento, es que estaba con la ropa mojada, las carmes heladas y una sensación muy extraña en el cuerpo, muy extraña.

124 de Columbiana a Foxburg.

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